Hubieron torturas en Malvinas?

El diario Pagina 12 publicó con fecha 12 de marzo de 2007, y bajo el título "Malvinas, también un tema de derechos humanos", una historia que continua con la denuncia efectuada ante el Juzgado Federal de Río Grande, a cargo de la Dra. Lilian Herráez. Dicha denuncia fue promovida por el Ex Soldados Combatientes de Malvinas de Corrientes (CESCEM), con la cooperación del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (CECIM) y el Subsecretario de Derechos Humanos de la Provincia de Corrientes, Pablo Vassel. Bajo el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner llevaran a juicio a 70 uniformados por torturas a soldados en Malvinas. Uno de los impulsores de la investigación, el presidente del Centro de Ex Combatientes de Malvinas, Ernesto Alonso, dijo que "A Malvinas no fueron las Fuerza Armadas del Ejército del general San Martín, sino una banda de asesinos entrenados en reprimir y desaparecer". (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/09/internacional/1244562206.HTML)

No todos están de acuerdo con esta afirmación. El ex conscripto Fernando Cangiano mantiene que: "Desde el fin de la guerra se ha pretendido, no sin éxito, urdir una trama discursiva en torno a un supuesto sadismo enfermizo de los oficiales y suboficiales argentinos, en contraposición con la pueril ingenuidad e impotencia de los soldados conscriptos, a quienes se calificó piadosamente de "chicos de la guerra"". (http://www.izquierdanacional.org/articulos/0039.HTML)

Los estaqueamientos de soldados eran moneda corriente, principalmente por indisciplina, negligencia o el hurto de alimentos. Claudio Guassardi integró la Compañía C del Regimiento 3 durante la contienda:

El entrenamiento al soldado existe desde la época de San Martín, y sí, se sancionaba al soldado por mal comportamiento, eran más lo suboficiales que los oficiales. El que era militar de carrera sabía que había que cuidar al soldado, en cambio los que no, tenían otra actitud y te dabas cuenta porque después de Malvinas se retiraron. Eso se creía en Malvinas, que seguíamos en el regimiento y nos mandaban a hacer carrera mar, cuerpo a tierra, salto de rana, etc. Hubo compañeros de la 62 y la 63 que los estaquearon y la pasaron muy mal pobres pibes. Yo dije que si a mi me tocaban, la venganza iba a ser terrible. De todas maneras hubo oficiales y suboficiales que peleaban adelante con su tropa. Yo me hice respetar como soldado, ahí hice el gran cambio, hubo chicos que no, que estaban muy acobardados. Todo pasaba por la mente de cada uno, si uno piensa en positivo VA a vivir bien. Los chicos que no entendían lo que estaba pasando se deprimían y la pasaban muy mal. (http://www.medioslentos.com/content/entrevista-un-ex-combatiente-de-malvinas)

Entre las recientes denuncias hechas bajo el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner, se encuentran estaqueamientos, reducción a servidumbre, privación de alimentos, abandono de soldados y hasta cuatro asesinato cometidos en las islas contra soldados conscriptos. Uno de los soldados conscriptos, César González Trejo, dijo que "Hubo jefes de regimiento que no se les vio la cara durante todo el conflicto armado. Jefes de compañía que prometían ferocidad en el combate, pero cuando llegó la hora fueron los primeros en desaparecer de sus posiciones, abandonando a su tropa. Oficiales y suboficiales que aprovecharon su lugar de mando para cometer abusos de autoridad y desnaturalizar su función militar. También hubo soldados conscriptos que le robaron la bolsa de dormir a su compañero de carpa, o las pocas raciones de comida que se disponían en la escasez. Otros que se dormían durante las guardias, exponiendo a todos sus compañeros a la muerte, otros que las eludían cobijándose bajo la protección de un superior, y hasta quienes se dispararon en el pie para ser evacuados al continente, sin contar con los que sufrieron repentinas colitis justo antes de entrar en combate." (http://www.maraustralis.com/170609a13.HTML) Pero Trejo también reconoce que en los combates finales hubo numerosos actos heroicos, protagonizados por los oficiales y suboficiales del ejercito y infanteria de marina. Debe destacarse la valerosa actitud del capitán Carlos López Patterson, quien, bajo el fuego enemigo, recorria las posiciones en el cerro Dos Hermanas asistiendo moralmente al personal de la Compañía C del Regimiento 4.

En esas recorridas, una cosa que siempre me emocionaba era que, mientras saludaba al Subteniente Llambias Pravaz, los soldados de esa sección aplaudían y vitoreaban. Debió ser porque notaban que les reconocía el valor que estaban adquiriendo en ese lugar. Porque estaban muy solos, esperando al enemigo, sólo ellos y sus almas. O, tal vez, porque al ver al jefe que VA a decirles dos palabras - gesto fraternal de una persona joven hacia otras personas jóvenes - sentían revivir sus ganas de pelear. Un día, se me acercó un chico y me dijo "Ya que nos ha tocado bailar en ésta, vamos a hacerlo bien. Vamos a apoyar al Subteniente que está enfermo y sigue igual con nosotros. Tenemos que ayudar al que se le congelen los pies, o al que se asuste. Porque de aquí salimos todos o no sale ninguno". ¿Qué podía contestarle? (HECTOR SIMEONI, Malvinas: Contrahistoria, páginas 100/101, Editorial Inédita, 1984)

Como jefe de la Compañía B del Regimiento de Infantería 6 "General Viamonte", el mayor Oscar Ramón Jaimet habla de sus subordinados en primera linea.

Allá, todo el mundo ha compartido los mismos riesgos, las mismas privaciones y las mismas actividades, además del mismo frío y los mismos pozos que se llenaban de agua. Ha habido una tendencia a crear diferencias - o hacer creerlas- entre la vida que desarrollaba el oficial, el suboficial y el soldado. Mis jefes de sección (los subtenientes Aldo Franco, Augusto La Madrid, Guillermo Robredo y Guillermo Corbella) dormían con los soldados. Yo dormía con los soldados en la posición. (Malvinas: Contrahistoria, página 84)

Numerosos soldados conscriptos rescatan y valoran con objetividad la tarea de los cuadros en Malvinas. Rubén Gaetán integró la Compañía de Ingenieros de Combate 601 durante la contienda.

Mi jefe inmediato era el cabo Domingo Villarreal que nos dirigía con eficiencia y camaradería. Pero mi mejor recuerdo lo tiene el cabo primero Miguel Galarza, un soldado profesional y todo un ejemplo de hombre. Nos cuidaba como un padre. Basta este ejemplo. En los primeros días de junio, durante una madrugada en que soportamos un intenso cañoneo naval y ataque de artillería enemiga, como los proyectiles caían directamente sobre nuestras posiciones, Galarza nos hizo retirar a sitios más seguros. Villarreal y el teniente Horacio Blanco se quedaron donde nosotros estábamos. Recuerdo que me pidió mi FAP y me entregó su FAL. Aquel cañoneo fue salvaje y Galarza y sus compañeros terminaron también retirándose y llegaron hasta nosotros. Menos mal que fue así. Cuando le pregunté por mi arma, me dijo que la había perdido al regresar. Un proyectil había dado de lleno donde ellos estaban un rato antes. En él y los que se quedaron a su lado sentía la protección del soldado profesional hacia nosotros, humildes conscriptos y desde luego, el inmenso valor que tales oficiales y suboficiales demostraron. (Así peleamos, página 154)

Sobre el aprovisionamiento de aquellos días, Julio Lago (soldado ranchero del Regimiento 7 "Coronel Conde") muestra su particular vision.

De entrada hacíamos tres comidas por día, después se hicieron dos y al final, una. Te levantabas a las cuatro de la mañana y preparabas un mate cocido; después ya entrabas con la comida que se repartía a mediodía, otra más que se repartía tipo cuatro, cinco de la tarde, y a preparar todo para el otro día. Y así era continuamente. El problema era que amanecía a las diez de la mañana o a las nueve, y oscurecía a las tres y media. Con el toque de queda no se podía circular de noche, o sea, no había tiempo para andar repartiendo la comida.

Continuando con esta línea de pensamiento el soldado conscripto clase 63 Francisco Montenegro del Regimiento de Infantería 1 "Patricios" explica su modo de analizar la realidad.

Por supuesto que el aprovisionamiento era deficiente, por una razón muy sencilla, era el aprovisionamiento en condiciones de guerra, el terreno no permitía el desplazamiento de un jeep remolcando una cocina de campana, sin hablar del continuo acecho del enemigo. No hay guerra en la que el soldado no haya pasado hambre y frío, eso es parte del negocio. (Así Peleamos, página 216).

El soldado conscripto Darío Agretti recordó que durante los ultimos diez dias de la guerra las Raciones C (un tipo de ración especial, muy completa) no faltaron en el Regimiento 4.

Allí en Monte Wall teníamos alimento caliente, eran posiciones excelentemente construidas y estábamos absolutamente listos para cuando las tropas británicas atacaron. Pero alrededor del 27 de mayo nos dijeron repentinamente que debíamos abandonar la Wall Mountain y que tendríamos que defender Dos Hermanas en otro lugar. Nadie explicó porqué, nos ordenaron movernos. Algunos caminaron a la montaña y nosotros pudimos tomar un camión. Era una decisión loca porque no tuvimos tiempo para construir buenas posiciones en Dos Hermanas. En el lugar ya no se podía disfrutar de comida caliente y sólo podíamos acceder a nuestra ración enlatada. (Dos correntinos reviven la pesadilla desde Malvinas. Corrientes Noticias. Domingo, 17 de junio de 2007)

Es oportuno reiterar el testimonio del soldado correntino Carlos Enriori, acerca de sus vivencias en un pozo natural en el extremo del oeste del Monte Dos Hermanas

Al menos nos podíamos mantener caliente así cómo estábamos, amontonados, encima cada noche hacía más frío. Estábamos allí con nieva durante casi todas las noches. Teníamos un jefe muy bueno, Martella, que nos trató bien y dormía cerca de nosotros. Pero durante la batalla tomó su rifle y desapareció lejos al sur en alguna parte. Descubrí más adelante que lo habían matado y eso me puso muy triste. (Dos correntinos reviven la pesadilla desde Malvinas. Corrientes Noticias. Domingo, 17 de junio de 2007)

El teniente Luis Enrique Bertolini destinado en el Escuadrón de Exploración de Caballería 10 en el Valle Moody Brook, ha rememorado:

Casi la totalidad de nuestros soldados eran clase 1962, por lo que prácticamente no había soldados nuevos; éramos una unidad homogénea y eso se vio en el buen desempeño de nuestro escuadrón. Todos vivíamos de la misma manera, en el mismo lugar, con el mismo equipo y comíamos la misma comida, cosa que pueden corroborar con los propios soldados, a pesar que la propaganda inglesa se ocupó de desprestigiar a los oficiales argentinos, diciendo que tenían raciones especiales, mejores equipos, etc. (http://www.ub.edu.ar/destacados/dest_malvinas/relatos_de_un_oficial_argentino.HTML)